Los servicios de Internet estaban escondidos de las noticias, de las políticas públicas y de las charlas de café, excepto para quienes su trabajo está relacionado con este sector. La conectividad se ve opacada por los dispositivos y de la red las personas solo se acuerdan cuando falla.

Al menos, la descripción anterior es así para la mayor parte de las grandes ciudades —bien sabemos que en América Latina todavía queda mucho por hacer en términos de conectividad— y para una buena parte de las personas que miran el sector desde un edificio de la capital.

Lo cierto es que con la alerta por la Covid-19, el nuevo coronavirus, las personas empezaron a quedarse en casa más tiempo, o bien obligados por o bien como recomendación para evitar posibles contagios. Las empresas empezaron a tomar medidas para habilitar el teletrabajo y las escuelas, la teleducación. La telesalud, de la cual hay muy poco implementado en América Latina, se muestra como esa herramienta que hoy nos podría sacar de un apuro al permitir una consulta sin necesidad de trasladarse a un centro médico.

El incremento del teletrabajo y la teleducación, qué parecen ser dos alternativas viables para cualquiera de los países de América Latina, despertó la alarma de algunos medios de comunicación. ¿Cómo es posible migrar procesos que se hacían presencialmente hacia Internet cuándo las condiciones de conectividad y acceso a los dispositivos no están dadas?

 Aquellos países que han logrado mantener este tipo de iniciativas y tienen a sus docentes capacitados para continuar con las lecciones de forma online, seguramente tendrán menos problemas para adecuarse a un posible cierre completo del país para evitar la propagación del virus.

Algo similar ocurre en términos de conectividad. Aquellos países que tengan buenas redes troncales, diversidad de salidas internacionales, diversos puntos de intercambio de tráfico (IXPs), redes metropolitanas con gran porcentaje de fibra óptica, redes móviles más potentes y mejor cobertura podrán soportar mejor un crecimiento del tráfico por el trabajo remoto y las videoconferencias, que se están volviendo moneda corriente entre las empresas. 

Además, el tráfico de las herramientas de mensajería instantánea, añaden, se ha multiplicado por cinto en los últimos días. Los datos móviles, en tanto, se incrementaron en un 25 por ciento desde el inicio de la pandemia. El mayor uso del teletrabajo también ha tenido su reflejo en la red: el tráfico de herramientas de trabajo en remoto como Skype y Webex se ha multiplicado por cuatro en España.

Algunos operadores respondieron con medidas como la ampliación de los planes de datos o, incluso, la liberación de algunas señales de televisión. En otros casos, se trabaja para ofrecer bajo el modelo de zero rating los contenidos que tengan que ver con educación.

Más allá de las medidas específicas —que sin duda iremos cubriendo a medida que se conozcan—, lo cierto es que parece haber un destape de la industria de telecomunicaciones que sale de la sombra para demostrar su poder. Todas las miradas están puestas hoy en la conectividad y posiblemente, alguna que otra videoconferencia se caerá por mala conexión. Las telecomunicaciones tienen la oportunidad de mostrar hoy cómo responden ante un crecimiento del tráfico y cómo sus redes son capaces de adaptarse a los nuevos hábitos de consumo, ¿podrán con el desafío?

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